En el blog de Rinzewind se hacían hoy eco de una noticia interesante:
En Suecia se va a prohibir la enseñanza de las doctrinas religiosas como si fueran ciertas, incluso en los colegios religiosos. Es decir, que podrán seguir enseñando libremente la Biblia, el Corán, el Talmud y el Código Jedi, pero no como si fueran La Verdad.
El objetivo de esta ley, junto con la que obliga a que todas las escuelas declaren sus fuentes financiación, es evitar los nidos fundamentalistas donde se adoctrina a los niños cuando no pueden defenderse. Incluso el partido cristiano sueco apoya la medida en un alarde de apertura de mentes y de moderación.
Yo no puedo evitar comparar países como Suecia con el nuestro y, bueno, aquí hay algo que huele mal. En España, las grandes organizaciones fundamentalistas como Opus Dei tienen cientos de colegios y conocidas universidades, el partido católico pone el grito en el cielo cada vez que los rojos sugieren avanzar hacia una educación más laica, y los defensores de la Familia (de la de ellos, porque los demás no somos familias) se manifiestan cada vez que JLo olvida tomarse la pastilla de la tensión.
En España, todo lo que es negocio se jode. Tenemos una mentalidad expoliadora que nos viene desde lo de las Américas y se resume en: "Si algo da dinero, cógelo, aprópiate de ello, exprímelo, sé más listo que nadie y cuando se agote llévate el saco de dinero a casa".
Lo mismo que hicimos con el oro de América, lo hemos hecho con el negocio inmobiliario, y con la enseñanza. Hoy, la construcción ya no funciona y la enseñanza tampoco. Y los que se forran con ello han guardado el dinero hace tiempo.
Una medida como la sueca no es ni imaginable aquí, donde los fundamentalistas católicos tienen sus fichas bien situadas en el tablero político. Lo queramos o no, llegará antes el creacionismo a los colegios públicos que la enseñanza laica a los privados. Es cuestión de dinero, y de momento yo no he visto ninguna casilla de "Donación a los becarios precarios" en la declaración de Hacienda.
En Suecia se va a prohibir la enseñanza de las doctrinas religiosas como si fueran ciertas, incluso en los colegios religiosos. Es decir, que podrán seguir enseñando libremente la Biblia, el Corán, el Talmud y el Código Jedi, pero no como si fueran La Verdad.
El objetivo de esta ley, junto con la que obliga a que todas las escuelas declaren sus fuentes financiación, es evitar los nidos fundamentalistas donde se adoctrina a los niños cuando no pueden defenderse. Incluso el partido cristiano sueco apoya la medida en un alarde de apertura de mentes y de moderación.
Yo no puedo evitar comparar países como Suecia con el nuestro y, bueno, aquí hay algo que huele mal. En España, las grandes organizaciones fundamentalistas como Opus Dei tienen cientos de colegios y conocidas universidades, el partido católico pone el grito en el cielo cada vez que los rojos sugieren avanzar hacia una educación más laica, y los defensores de la Familia (de la de ellos, porque los demás no somos familias) se manifiestan cada vez que JLo olvida tomarse la pastilla de la tensión.
En España, todo lo que es negocio se jode. Tenemos una mentalidad expoliadora que nos viene desde lo de las Américas y se resume en: "Si algo da dinero, cógelo, aprópiate de ello, exprímelo, sé más listo que nadie y cuando se agote llévate el saco de dinero a casa".Lo mismo que hicimos con el oro de América, lo hemos hecho con el negocio inmobiliario, y con la enseñanza. Hoy, la construcción ya no funciona y la enseñanza tampoco. Y los que se forran con ello han guardado el dinero hace tiempo.
Una medida como la sueca no es ni imaginable aquí, donde los fundamentalistas católicos tienen sus fichas bien situadas en el tablero político. Lo queramos o no, llegará antes el creacionismo a los colegios públicos que la enseñanza laica a los privados. Es cuestión de dinero, y de momento yo no he visto ninguna casilla de "Donación a los becarios precarios" en la declaración de Hacienda.



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