No me preguntéis cómo ni por qué, pero he llegado a un documento de la época que relata los terribles efectos de las lluvias de 1680 en Castilla, Extremadura y Andalucía.
"[...]En la muy nombrada Villa de Zafra fueron tantas las aguas que sobrevinieron, que obligaron a algunos de sus moradores a que buscasen prestamente donde salvar sus vidas, como lo hicieron, acogiéndose a lo más alto de las casas, desde donde miraban la ira de Dios, y con sollozos, y afectos le pedían misericordia.
En otros Lugares de Extremadura fue en tanta la abundancia de la piedra que caía, y tan gruesa, que mató mucho ganado, y en particular el ovejuno; y lo que más se pondera es, que siendo un sin número las aves que mató, no se reservaron del peligro las avutardas, pues siendo tan grandes, y tan fuertes, las hallaban por los campos muertas de la piedra, que aseguran eran como gordos huevos."
Aparte de la belleza literaria del periodismo del siglo XVII, resulta curioso ver cómo el hombre siempre tiende a buscar en sí mismo las culpas de lo que pasa en la naturaleza. Lo que en el siglo XVII se achacaba a la maldad de los pecados -la ira de Dios-, hoy se achaca al cambio climático.
(Y a mí que me parece que granizo, huracanes, terremotos y demás calamidades ha habido siempre)
[Libro] Crepúsculo, de Stephanie Meyer
Hace 5 horas



6 comentarios:
Holaaa, soy Rosi del Facebook!!
Vaya, vaya, qué interesante es todo este mundillo! Nunca me había parado a pensarlo por mí misma! Pero claro, siempre tiene que haber unos que marquen y otros que sigan.
Pues nada, espero que sigas escribiendo cosas tan interesantes, yo estaré pendiente.
Tienes razón Sosa, resulta curioso ver como al hombre le es tan difícil afrontar estas catástrofes. Será porque el hombre no es dado a cavilar sobre sus propias limitaciones y la fragilidad sobre la que se sustenta su sociedad. Lo habitual es pensar que podemos enfrentarnos a la naturaleza hasta el punto de llegar a subyugarla cuando en verdad es más bien al contrario.
Creo que aquí viene a cuento esta cita;
Es que yo no creo en el destino -Dijo Bakra- hay gente que necesita creer que todo cuanto va a sucederle ya está escrito, necesita librarse de la presión de decidir por si mismo y fallar, y otras personas, en cambio, necesitamos sentir que podemos decidir, librarnos de la presión de saber que nunca estaremos libres del azar y de fallar por el. Si, ya se que ambas versiones son mentira, pero que le voy a hacer.
Amén.
El tema de las desgracias naturales es exclusivamente un tema estadístico. Si en el siglo XVII vivían en España ¿3, 4 millones de personas? digo yo que sería más difícil que les cayera encima toda una gota fría a un grupo significativo (villa, pueblo...) como para dejar constancia escrita. Y si lo hacía, el alcance mediático ¿sirve el término para aquella época? se vería reducido a lo sumo a la comarca o región aledaña, siendo desconocido para el resto de la población del país, que por otro lado, ya tenía bastantes catástrofes con sobrevivir a las enfermedades, la higiene, los caciques, las sequías y diluvios propios como para preocuparse de las desgracias de los vecinos.
Totalmente de acuerdo, PECE. Lo que pasa es que ahora tenemos población agolpada en cada rincón del planeta, y la globalización de las comunicaciones permite que nos enteremos de cada terremoto, cada huracán y cada inundación.
Y seguimos empeñados en que todo lo que ocurre es responsabilidad nuestra. Antes, porque no rezábamos suficiente. Ahora, porque no compramos productos ecológicos.
Bueno, aún pululan por ahí los que piensan que no rezamos lo suficiente, y no estoy pensando ni en turbantes ni en países extraños. :-(
De cualquier forma, prefiero que me timen con un producto ecológico que al fin y al cabo termino disfrutándolo, que con la promesa de una vida mejor tras la muerte que, lo más probable, es que no lleguemos a disfrutarla ninguno.
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