No me preguntéis cómo ni por qué, pero he llegado a un documento de la época que relata los terribles efectos de las lluvias de 1680 en Castilla, Extremadura y Andalucía.
"[...]En la muy nombrada Villa de Zafra fueron tantas las aguas que sobrevinieron, que obligaron a algunos de sus moradores a que buscasen prestamente donde salvar sus vidas, como lo hicieron, acogiéndose a lo más alto de las casas, desde donde miraban la ira de Dios, y con sollozos, y afectos le pedían misericordia.
En otros Lugares de Extremadura fue en tanta la abundancia de la piedra que caía, y tan gruesa, que mató mucho ganado, y en particular el ovejuno; y lo que más se pondera es, que siendo un sin número las aves que mató, no se reservaron del peligro las avutardas, pues siendo tan grandes, y tan fuertes, las hallaban por los campos muertas de la piedra, que aseguran eran como gordos huevos."
Aparte de la belleza literaria del periodismo del siglo XVII, resulta curioso ver cómo el hombre siempre tiende a buscar en sí mismo las culpas de lo que pasa en la naturaleza. Lo que en el siglo XVII se achacaba a la maldad de los pecados -la ira de Dios-, hoy se achaca al cambio climático.
(Y a mí que me parece que granizo, huracanes, terremotos y demás calamidades ha habido siempre)
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Hace 5 horas



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